Cuando las puertas se abren

         
          ¿Cuántas veces dejamos pasar oportunidades, calculando la llegada de otra mejor que nunca se hace real?
 
          ¿Cuántas veces perdemos todas las oportunidades, solo por esperar la llegada de una que es solo posibilidad?
 
          Hace muchísimos años, mis padres construyeron un piso en la planta alta de nuestra hogar. Tras solicitar un préstamo bancario, decidieron emprender la construcción con material económico. "Para qué poner material de primera", pensaron, "si se destinaría a renta".
 
          La vida hizo que fuera yo quien necesitara vivir en ese piso. Las puertas no cerraban, los cerrojos se caían, los enchufes se salían y el acabado del cuarto de baño y la cocina dejaban mucho que desear. Viví allí algunos años, mejorando, cada vez que podía, los materiales en que estaba construida. Cambié suelos, puse rejas, revestí la fachada, remodelé el cuarto de baño y la cocina; y cuando todo estuvo listo, surgió la oportunidad de viajar a otro continente para iniciar una nueva vida. Todas las mejoras que hice, no las disfruté yo, sino el nuevo inquilino. -"Si hubiese sabido que acabarías viviendo tú allí..." -decía mi madre- "...habría puesto materiales de primera calidad." -"Si hubiese sabido que surgiría la posibilidad de cambiar de vida..." -pensé- "...no habría invertido tanto dinero en remodelarla." Con los años me pregunté:
          -Si mis padres hubiesen puesto materiales de calidad, ¿yo habría necesitado igualmente vivir en ese piso?;
 
          -Si hubiesen puesto buenos materiales pensando en sus hijos, ¿lo habrían tenido que rentar a falta de uso por nuestra parte?;
 
          -Si yo no lo hubiese remodelado, ¿me habría salido igualmente la posibilidad de cambiar de país?
 
          En realidad me pregunto:
 
          -¿Será que únicamente se abren ciertas puertas tan solo cuando cruzamos otras?