Descanza en paz


Photo credit: 'J' / Foter / CC BY-NC
   
   Yo lloraba sobre su tumba, tendida, como si quisiera abrazarla, como si pretendiera enterrarme yo también con ella. El dolor de su muerte me asfixiaba; y clamaba al viento mi pesar en un lamento, desgarrador, saliéndose del pecho, para caer nuevamente sobre aquella sepultura que guardaba sus restos.
   De repente, ella emerge entre el polvo y el lodo, y enfurecida me grita:
-"Ni siquiera muerta me dejas tranquila!".
  Y yo, temerosa de molestarla, mientras enjuago mis lágrimas de tierra manchadas, le susurro:
-"Descansa tranquila, mamita. Yo no te molestaré!"-, mientras vuelvo a cubrirla con tierra, apretando despacito, haciéndolo todo bien, y repitiendo entre mudos sollozos:
-"Tranquila...! Descansa...! No te molestaré!".

















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