Tendré el alma libre!

Querría volar!. 
 
A veces despierto gozosa de hacerlo en sueños. En ellos  observo el mundo desde arriba.
 
Esquizoide? Tal vez.
 
A lo largo de mis años, he vivido en 2 países, en 7 ciudades diferentes. He mudado de casa 28 veces. Cada cambio es para mí un comienzo. En cada uno, dejo atrás lo que no necesito. Me libero de objetos e historias. En cada proceso, mi alma se embriaga de una indescriptible sensación en la que se abre el universo ante mí.
 
Mantener en alto la familia que he construido, es lo que me ha cortado asaz las alas, obligándome a permanecer en cada lugar más tiempo del que preciso. Pero a diferencia de gran parte de los mortales, yo necesito cambiar.

El mundo me ha tachado siempre de inestable, y lo he creído; pero permanecer mucho tiempo en un mismo lugar, o en una misma situación, es estar en un sarcófago.
 
Durante años he intentado contener mi inestabilidad, comprenderla, acallarla; hasta que cierta vez un hippie, entre sus cuadros, su guitarra, y su libro de poemas bajo el brazo, dijo que yo debía de tener el alma libre, aunque intentara amordazarla. No era Freud ni mi analista. Era un alma poeta que me ofreció un verso al cual asirme. Tal vez pronto vuelva a preguntármelo!. De momento, sigo volando en sueños, y también en sueños construyo permanentemente un nuevo hogar. En ocasiones le faltan paredes, en otras están rotas. Y lo levanto, lo armo,  lo decoro; a veces durante toda una noche, hasta despertar. Sintomático, no?