La polaridad


             El mar de nuestras emociones alberga siempre la polaridad. Si somos capaces de reír, también lloraremos. Si somos capaces de amar, también odiaremos. Sólo construyendo ilusiones, nos desilusionaremos.
 
   Por lo tanto, sólo conociendo las semillas que plantamos, sabremos de nuestras cosechas. Vivir el placer nos lleva inevitablemente a vivir también el dolor. Quien es capaz de alcanzar dicha e intensa satisfacción, está igualmente apto para sucumbir a la pena y el desconsuelo.

   Si las leyes que rigen nuestra naturaleza contemplan siempre dos polos, debemos aceptar el hecho de vivir ambos con igual intensidad o abstraernos de nuestra capacidad de sentir.