Las ilusiones


    El ser humano se ha acostumbrado a tejer mentalmente ilusiones, sustitutas de la actividad lúdica infantil. Las tejemos y nos entregamos a un desfile mental de situaciones que nos llenan de satisfacción. Aún cuando deseemos que tales construcciones se tornen reales, el mero hecho de experimentarlas mentalmente nos llena de dicha.
 
   ¿Cuántas veces para conciliar el sueño nos dejamos llevar por nuestra imaginación e inventamos situaciones e historias que nos producen gozo?¿Cuántas veces lo hacemos durante el día?¿Cuántas veces, sin ser siquiera conscientes?
  
   Cada vez que nos entregamos consciente o inconscientemente a fabricar fantasías productoras de placer, destapamos el agujero del dolor, por el otro lado. Y aún más: vivimos en el dolor por la increíble cantidad de fantasías que producimos diariamente. De hecho, nuestra vida es, en tales casos, la dolorosa puesta en escena de una fantasía inconsciente placentera.