Prolongada infancia


 
 
La mayoría de los seres humanos obedece a los mandamientos éticos y morales, a los preceptos religiosos a los que aparentemente se atienen , y a las leyes y prohibiciones de la cultura, únicamente en presencia de quienes pueden juzgarlo o condenarlo.
 
La mayoría de los seres humanos todavía necesita de un padre, de un ojo vigilante, de un dedo acusador. Esta generalidad de hombres es infantil, pero sin los sueños ni la inocencia de éstos. La mayoría son y seguirán siendo niños, pero con poder, con astucia, con dinero. La mayoría no es capaz, ni un solo instante, y menos en el más privado, de comportarse como el adulto que aparentemente es. Qué nos queda por vivir entonces? Humanos caprichosos, ávidos de poder y dinero, pisando cabezas a diestra y siniestra, delinquiendo corrompidos por sus miserables instintos; y luego aquellos, también niños, resentidos con la vida que les ha tocado, atentando contra la seguridad e integridad de los demás, o atentando contra sí mismos, ahogándose en el consumo de drogas, alcohol y pastillas, conduciendo temerariamente mientras escapa al ojo vigilante de la ley. Luego están aquellos humanos resentidos con todo, infantiles mentalmente, pero con cuerpos de hombres, que destinan todo su odio a los más débiles, animales, niños, y discapacitados, propinándoles un daño que se les torna placentero y que los hace sentirse menos miserables en sus propias historias. También están los humanos fanáticos de dioses que nunca han pedido tal devoción, pero que en sus mentes ciegas y enfermas, inician la mas temida destrucción de todo el que se oponga a sus ideas. Y qué decir de aquellos que juegan a las virtudes de la  bondad y al amor, tras las cuales esconden sus instintos y deseos egoístas, obteniendo beneficios por sus loables acciones que solo engordan sus propios bolsillos además de su infantiles egos. No debemos olvidar la oleada de espirituales que creen elevarse sobre los demás, y creen quitarse con un solo plumazo la escoria que significa pertenecer a esta raza, sin comprender que todos, todos formamos un solo ser, inasible a nuestro entendimiento infantil.

El ser humano como raza no ha crecido interiormente. Prueba de ello es que habitamos este hermoso planeta desde hace un millón de años. El hombre ha avanzado de manera inimaginable en todos, todos los aspectos, excepto en sí mismo. Hemos conquistado mucho, ahí afuera, pero ni siquiera nos hemos aproximado mínimamente a nuestro mundo interior.