Apología del esfuerzo

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Sólo quien haya hecho un trabajo duro, al menos por un tiempo, quien haya trabajado con las manos, con la espalda, con sudor y esfuerzo, sólo quien se haya inclinado para ganarse el pan, desarrolla fortaleza.
La estupidez de nuestra raza hace que evitemos ciertos trabajo considerados denigrantes, incómodos e indignos, sin saber que el precio que se paga por una vida cómoda, aunque sea en apariencia, es la debilidad emocional.

Pon a trabajar la tierra al hombre consentido, acostumbrado a estar trajeado y con aparente éxito, y verás caer sus pantalones.

Hombre no es el que lleva traje.
Hombre es el que se esfuerza.
El resto son niños malcriados jugando a intentar ser felices en una sociedad capitalista, que vende ideales de éxito y triunfo para que sean consumidos, a cambio de los cuales entregan su vida, su mente, su ser. ¡Máquinas de consumo débiles y, para colmo, infelices!.

Si te encuentras capaz de todo esfuerzo,  comprenderás que el más difícil es el que te ha hecho más resistente.

La gente que a pesar de tanta adversidad permanece con vida, lo hace por su increíble fortaleza.

Despoja al acomodado de lo suyo y lánzalo al bosque que, aunque no sea temporada de lobos, el pobrecillo perecerá igualmente.