La relación contigo mismo

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La relación que tienes con ti mismo, es en realidad una relación más. Cuando tienes un amigo que no se comporta como tal, criticándote despiadadamente, engañándote, fallándote en las promesas que te hace, tarde o temprano, dejas de confiar en él. Si te comportas contigo, tal como lo hace ese mal amigo, con el tiempo dejarás de confiar en ti. Así es como la relación contigo mismo se va quebrando hasta tal punto que dejas de escucharte, pues ya no te crees, porque te mientes, te fallas, te traicionas, te engañas y te destruyes. Eso te obliga a abriste al exterior y relacionarte con tu entorno con extrema necesidad, aunque también con desconfianza, a fin de suplir la falta de relación contigo mismo. La forma en que lo haces, con todo este déficit a tus espaldas, obliga a que tus nuevos vínculos sean igualmente deficientes, ya que si te fallas a ti mismo, fallas también a otros; si te engañas a ti mismo, engañas de igual modo al entorno. Tarde o temprano, aquellos que valen la pena tenderán a alejarse, y te irás quedando solo con aquellos que te ofrecen la misma relación que aquel mal amigo con que empezamos esta historia. Es un círculo dañino del que solo podrás salir replanteándote la relación que tienes contigo mismo.