Actuar más, meditar menos



                  Hace muchos años, cuando descubrí que la meditación no es más que un estado de relajación, con enlentecimiento de las ondas cerebrales, junto con la entrega a un estado de sonambulismo similar a los primeros tiempos en que Freud usaba la hipnosis; que en ese estado la sugestionabilidad se torna elevada; que no hay canal que se abra ni sabiduría cósmica que descienda; que lejos de ser un terreno científicamente comprobado, roza el orden de la fe, diferente a la religiosa, pero fe al fin y al cabo; decidí dejar de perder el tiempo y ponerme a trabajar en mí, desde los cimientos, tal como debe construirse la torre más alta; confrontándome con mis miserias, mis errores, mis debilidades; buscando en los recodos más oscuros de mi ser; y poniendo mis manos al servicio de quien las necesite, porque solo podré crecer y ser libre si procuro, junto a mí, el crecimiento y la liberación de aquellos que no pueden hacerlo.