El pobre cocodrilo








          De niño, mi marido ya mostraba rasgos de su marcada filosofía de vida cuando, ignorante de la estúpida importancia social que significa llevar un auténtico e indestructible cocodrilo en la camiseta, se abocaba con perseverancia a la imposible tarea de quitar tal logotipo, a su juicio tan feo, destrozando con ello, y sin saberlo, el caro esfuerzo de su madre por mantener tan patético status.


          Lo cómico está en que mientras una se esforzaba en que la marca estuviera presente, el otro, al criterio de ésta inconsciente, perseveraba en quitarse el desagradable animalito.