Comemos para tapar emociones

     Nuestro aparato digestivo trabaja continuamente, simplemente porque el ser humano, el que pertenece a esta mitad del mundo, "come todo el día".  Si la sociedad consumista de hoy tiene gran parte de culpa,  los expertos en medicina y alimentación la refuerzan, pues recomiendan comer hasta 5 veces al día.
 

            La desolación interior de la que es víctima cada ser humano se orienta, con todas sus fuerzas, a conseguir todo aquello que enmascare tales sentimientos. Absolutamente lo que se consume al día de hoy, tiene un único objetivo: cubrir con lo material aquello que es de índole emocional. Siendo ambos terrenos diferentes, la intención de tapar uno con lo otro no se consigue jamás. Sin embargo, la publicidad nos indica que sí, y nos induce a continuar consumiendo, logrando sólo enriquecer bolsillos ajenos, y pagar un alto precio en nuestra vida.

 
          Comemos para tapar emociones. También hacemos otras cosas para enterrarlas, pues somos incapaces de experimentarlas a pecho abierto. Fumamos, nos drogamos, nos alcoholizamos, nos medicamos, compramos, gastamos, nos endeudamos, nos distraemos, nos aturdimos y comemos, comemos y comemos...
 
          El ser humano no se alimenta por necesidad, ni siquiera por hambre. Los que pertenecemos a esta mitad del mundo, no podemos mínimamente imaginar lo que es el hambre.  El ser humano come para no sentir. No puede sentir, no sabe sentir. Comemos dentro de los horarios socialmente establecidos, pero además lo hacemos cuando estamos tristes; cuando somos felices; cuando estamos solos, pero también por estar en compañía; cuando experimentamos pena o angustia, o al estar nerviosos; al sentir vacío, o cuando la dicha es tanta que urge festejar.  El ser humano come cuando odia o cuando ama... y, tal vez corrigiendo mis palabras, digo:
 
         - "come no sólo cuando odia o cuando ama, sino porque odia o ama". Simplemente el ser humano come porque siente, aunque no sea capaz de experimentar sus sentimientos. Porque sentimos todo el día..., todo el día nos dedicamos a pensar en qué comer.

          Es realmente primordial tomar consciencia de esto, e igualmente asombroso sorprenderse a uno mismo, a cada instante, pensando en qué se nos antoja comer. Este es nuestro primer trabajo:
 
"Sorprendernos con las manos en la masa, tomando consciencia de cuántas veces al día pensamos en la comida!".



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